La Costa Brava no necesita presentación, pero sí un buen filtro: entre tanta oferta turística, saber elegir las paradas correctas marca la diferencia entre un viaje más y una escapada memorable. Una guía reciente de Vogue España propone justo eso — una ruta que combina tradición, diseño y gastronomía de altura por el litoral catalán.
Dónde alojarse: deporte y Mediterráneo
El hotel ZEL Costa Brava, en Tossa del Mar, nace de la colaboración entre Rafa Nadal y Meliá Hotels International y se ha convertido en referente para quienes quieren una estancia activa: más de 40 actividades deportivas disponibles, del yoga al tenis, con el mar como telón de fondo.
Diseño y artesanía por el Empordà
Para quienes prefieren llenar la maleta de objetos con historia, el Empordà es terreno fértil. Cova Empordà, en Ullastret, ocupa un antiguo obrador medieval y reúne, bajo la curaduría de Helena Agustí, piezas de diseño, vintage y producto gourmet con acento catalán. En La Bisbal d'Empordà, la cerámica artesanal de Sampere tiene un prestigio que trasciende la región: su gres de alta calidad viste la mesa de más de 50 restaurantes con estrella Michelin.
Mesa y atardecer
En Begur, el restaurante Clara destaca por su ambiente desenfadado y una carta mediterránea para compartir, con la tortilla de trufa y foie-gras como plato de bandera. Quien prefiera los pies en la arena tiene en el chiringuito Ultramar, en la Platja del Racó, el punto de encuentro habitual: arroz fresco de día, música y luces de verbena al caer el sol.
Historia y naturaleza en bruto
La ruta no estaría completa sin Pals, pueblo medieval de calles empedradas y campos de arroz que conserva intacto su carácter gótico. Y para cerrar el recorrido, nada como caminar el Camino de Ronda hasta la Cala El Golfet — rodeada de pinos, de arena gruesa, y con esa naturaleza abrupta que define a la Costa Brava frente a otros destinos de costa más domesticados.



